Entre Actos (BIBLIOTECA VIRGINIA WOOLF)

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English Romantic Verse (Penguin Classics)

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A Laodicean (Penguin Classics)

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Middlemarch (Penguin Classics)

George Eliot's Victorian masterpiece: a amazing portrait of a provincial city and its inhabitantsGeorge Eliot’s novel, Middlemarch: A research of Provincial lifestyles, explores a fictional nineteenth-century Midlands city in the middle of glossy adjustments. The proposed Reform invoice provides political swap; the development of railroads alters either the actual and cultural panorama; new medical methods to drugs incite public department; and scandal lurks at the back of respectability.

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Algo había cambiado, se dijo los angeles señora Lynn Jones, ya que, de lo contrario, los angeles barba de papá mediría metros y metros, igual que los angeles exertions de punto de mamá. Ahora su yerno iba totalmente afeitado. Su hija tenía frigorífico… Dios mío, cómo divago, y se contuvo. Lo que quería decir period que el cambio es inevitable, cuando las cosas no son perfectas; en cuyo caso, suponía, resistían el paso del tiempo. El cielo period inmutable. —¿Eran realmente así? —preguntó Isa bruscamente. Y miró a l. a. señora Swithin como si fuera un dinosaurio o un mamut diminuto. Extinguida tenía que estar, puesto que había vivido bajo el reinado de los angeles reina Victoria. Tic, tic, tic, hacía los angeles máquina entre las matas. los angeles señora Swithin pensó: �Los victorianos». —No creo —dijo, con una extraña sonrisa—. Eran como tú y yo y, William, con ropa diferente. —Usted no cree en l. a. historia —dijo William. El escenario seguía vacío. Las vacas pastaban por el prado. Las sombras bajo los árboles eran más profundas. los angeles señora Swithin acarició los angeles cruz que llevaba. Contempló distraídamente las vistas. los angeles señora Swithin se había ido, adivinaron, a dar un viaje round con l. a. imaginación, un viaje unificador. Carneros, vacas, hierba, nosotros, somos una sola cosa. Aun disonantes, componemos una armonía, si no para nosotros, sí para una gigantesca oreja, unida a una gigantesca cabeza. Y por eso —la señora Swithin sonreía con benevolencia— el sufrimiento de un determinado carnero, de una vaca o de un ser humano period necesario; y por eso —sonreía seráficamente a l. a. distante veleta dorada— llegamos a l. a. conclusión de que todo es armonía, si pudiéramos oírlo. Y lo oiremos. Ahora, los angeles mirada de l. a. señora Swithin reposaba en l. a. blanca cumbre de una nube. Bueno, si este pensamiento l. a. consolaba, se dijeron con una sonrisa Isa y William, a uno y otro lado de l. a. señora Swithin, más valía no contradecirla. Tic, tic, tic, repetía los angeles máquina. —¿Habéis comprendido lo que ha querido decir —preguntó los angeles señora Swithin apeándose repentinamente a los angeles tierra— l. a. señorita los angeles Trobe? Isa, cuya mirada había estado vagando, negó con l. a. cabeza. —Lo mismo cabe decir de Shakespeare —dijo l. a. señorita Swithin. —¡Shakespeare y los angeles Biblia en verso! —intervino l. a. señora Manresa—. �Al lado de ustedes, quedo como una bruta! Se volvió hacia Giles, pidiéndole que l. a. ayudara frente a aquel ataque a l. a. alegría del corazón. —Tonterías —murmuró Giles. En el escenario no había nada de nada. Dardos de luz roja y verde surgían de los anillos de los angeles señora Manresa. l. a. mirada de Giles fue de ellos a los angeles tía Lucy. De esta, a William evade. De este, a Isa. E Isa se negó a mirarlo a los ojos. Y Giles bajó los angeles vista a las zapatillas de tenis manchadas de sangre. Giles dijo (sin palabras): �Soy condenadamente desdichado». �También yo», le imitó ward off. �Y yo», pensó Isa. Todos se sentían atrapados y enjaulados; presos; contemplando un espectáculo. No ocurría nada. El tic, tic, tic de l. a. máquina period enloquecedor. —Adelante, borrico —murmuró Isa—, cruzando el desierto, con tu carga a cuestas… Sintió los angeles mirada de stay away from sobre sus labios en movimiento.

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