Edgard Allan Poe y el misterio de la bella cigarrera

El 28 de julio de 1841 el hallazgo en el río Hudson del cuerpo sin vida, con visibles señales de violencia, de Mary Rogers, una joven conocida en todo Nueva York como «la bella cigarrera», dio inicio a uno de los más famosos «crímenes del siglo». Policías, jueces, forenses y comités de ciudadanos se esforzarían inútilmente por resolverlo, mientras los angeles prensa, sedienta de sangre y de ethical, creaba uno de los primeros «sucesos» sensacionalistas. Se multiplicaron los sospechosos y las conjeturas. Se escribieron novelas y romances. ¿Estaba en realidad l. a. joven viva? ¿Había sido víctima de una banda de maleantes? ¿De un amante despechado? ¿Quién period el hombre «de tez morena» con el que se los angeles vio antes de desaparecer?

Edgar Allan Poe, que seguía el caso con interés y necesitaba desesperadamente un éxito para relanzar su carrera, tuvo los angeles notion de reconstruirlo en El misterio de Marie Rogêt (incluido en un apéndice a esta edición), un relato paralelo ambientado en París y protagonizado por el detective Auguste C. Dupin. Tenía asimismo los angeles ambición de resolver el misterio y señalar al culpable, pero l. a. realidad, con inesperadas revelaciones, se le adelantó. En Edgar Allan Poe y el misterio de los angeles bella cigarrera Daniel Stashower cuenta los ardides del escritor para acomodar l. a. ficción a l. a. realidad y traza un magnífico retrato de su vida y de su medio. Mezcla de biografía y relato de suspense, éste es un libro imprescindible para los amantes de Poe y de las historias de detectives.

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A principios de agosto, después de casi una semana de silencio por parte de los angeles prensa, Mary Rogers se había convertido en una sensación periodística, y l. a. ciudad bullía de especulaciones disparatadas y a menudo contradictorias. the recent period, defensor de l. a. rectitud ethical, aventuró l. a. atypical hipótesis de que Mary Rogers fuera una suicida que se hubiera visto empujada a tal extremo por las �inquietantes consecuencias» de haber caído en los angeles senda del pecado. Igual que el Atlas, las columnas de los periódicos pasaron por alto que los angeles hubiesen encontrado con una tira de encaje anudada en torno al cuello, un detalle que no suele darse en los suicidas. Nada tiene de sorprendente que el usher in se dedicara a ridiculizar cualquier opinión que no coincidiese con los angeles de su director. l. a. teoría del suicidio atrajo especialmente su desprecio por tratarse de �una absurda majadería». Bennett suponía que a Mary l. a. habían asaltado unos �tahúres y rufianes» en clara alusión a las bandas de los angeles ciudad que, según dijo, �tenían libertad para robar, violar y saquear con overall impunidad, y convencidos de que las autoridades eran incapaces de inpedírselo». Bennett no fue el único en culpar a las famosas bandas de Nueva York. �Hemos sometido nuestra libertad a esos animales demasiado tiempo –declaró el Sun–. Es hora de que los ciudadanos bienpensantes pasen a los angeles acción. » El asesinato se había cometido en un momento crítico en l. a. evolución de las bandas neoyorquinas. los angeles quandary económica y l. a. creciente llegada de emigrantes irlandeses habían creado una situación muy inestable, se habían forjado alianzas y librado batallas según los barrios, los angeles nacionalidad y los angeles ocupación. Bandas con nombres tan llamativos y característicos como los Hudson Dusters y los Chichesters empezaron a formar alianzas políticas y a menudo intimidaban a los votantes y daban pucherazos en las elecciones, además de servir de fuerza bruta en el cuerpo de bomberos voluntarios, que se disputaban unos a otros l. a. recompensa y el botín de su trabajo. �La ciudad está infestada de brutales malhechores –escribió Philip Hone, el diarista y antiguo alcalde de Nueva York–. Patrullan las calles, que por su culpa son muy peligrosas de noche, y asaltan a cualquiera que no pueda defenderse. » Para Hone, no cabía duda de que Mary Rogers había sido �víctima de los angeles brutal lujuria de alguna de esas bandas de maleantes que campan a sus anchas y violan los angeles ley con impunidad en esta ciudad tan ethical y religiosa». El usher in coincidía con él e insistía en que a l. a. joven los angeles había �raptado una banda de tahúres y petimetres de pelo aceitoso». Al tildar a los agresores de Mary de �petimetres de pelo aceitoso», una alusión al cabello largo y engominado que lucían algunos de los malhechores más elegantes, Bennett estaba señalando con el dedo a bandas de hombres al estilo de Frank Rivers, también conocidos como �jóvenes petimetres», que trabajaban como empleados y oficiales de día y merodeaban de noche por las calles, y frecuentaban una famosa taberna de Broadway.

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